martes, 14 de octubre de 2014

Labios.



He amanecido en un día típico: he abierto los ojos, me he estirado, he mirado al techo un par de segundos, luego el reloj en mi muñeca y he valorado la posibilidad de 5 minutos más,  pero no es posible. Pongo los pies sobre el piso frío, como siempre no están las chancletas donde deben estar.  Me incorporo, me arrasco el culo y voy a tientas hasta el baño, enciendo la luz, me molesta particularmente, aun no sé porque. Me miro en el espejo, y me muero del espanto…  o mis ojos me engañan o aquí sucede algo raro, que carajos me pasa?
En un momento  me tranquilizo, debo estar soñando...es la conclusión más lógica, pero está HD este sueño mío... Hago mi mejor esfuerzo por despertarme nuevamente en mi cama, asustado, pero con la tranquilidad de que todo está en su sitio, pero nada sucede, sigo sin labios!!! Mis queridos labios pulposos no están, me preocupo en serio esta vez, y una cruel realidad comienza a vislumbrarse, de un golpe lo entiendo todo. Anoche me acosté pensando en ti, anoche fuiste mi último pensamiento, como cada noche desde que te conozco, la única diferencia es que anoche estaba muy triste, y te extrañé más que nunca, aunque estuvieras, porque tú estás aun cuando no estás y pensé en tus labios, que son finos hilos de agua, delicados y nerviosos, pero firmes. Labios que serían capaces de conquistar América si necesitara ser reconquistada, y llegué incluso a sentir como te besaba, y como cerrabas tus ojos, y como tu aliento cálido me invitaba a explorarte, a fusionarme contigo, a detenerme y no seguir buscando horizontes, pero todo aquello solo sucedía tristemente en mis ganas. Entonces entendí que no necesitaba labios si ya no podía besarte, desaparecieron, y estuve bien con eso.