martes, 14 de enero de 2014

Mis propias memorias.



¨La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado¨
                                                                       -Gabriel García Márquez


He terminado de leer el libro de García Márquez ¨Memorias de mis putas tristes¨, pequeño y bien encuadernado volúmen de no más de 100 páginas, que quizás como triste coincidencia corresponde en números a la edad del protagonista, escogido al azar entre una mar de volúmenes interesantes.

Cuando termino un libro normalmente le agradezco y le doy un beso, a modo de ritual, no sé porque, pero siempre lo hago, este en particular no me deja la tranquilidad espiritual de haber llegado a la última página, de conocer el final de la historia, de inventar mis propios finales, de juzgar según mis propias moralidades los personajes, aunque esto no sea un derecho con el que debería contar, pienso en cambio que lo que sin dudas es completamente mío, es el tiempo que dediqué a leerlo, de ahí el derecho de hacer con sus historia lo que me venga en gana, por lo cual ni beso, ni agradecimientos, este mas bien me ha dejado pensativo, con esa sensación de que es solo el pie para seguir por tí mismo la línea de pensamiento que propone, para extrapolar y revisarte tú mismo, para buscarte y salvarte a tiempo de los daños de los años, o para ponerte a tiro de las virtudes que encierra el paso del tiempo.

 Confieso que ha despertado muchas emociones raras en mí, he sentido compasión por la vulgaridad de los amores de renta, lástima por la necesidad que imponen los años de compañía cuando has llegado al final de la tuya siendo un huérfano de manos que te sustenten, asco, alivio por la seguridad de que aún tengo tiempo, miedo por el paso irreductible de los años y el deterioro del cuerpo no así del alma que trae consigo , razones para aferrarme a esas pequeñas cosas que son las verdaderamente importantes, urgencias por vivir muy sinceramente cada minuto de mi vida, sin darle tiempo al tiempo de hacerme sentir arrepentido de nada y finalmente esperanzas, esperanzas de que el amor no cree en relojes biológicos...